El nuevo esquema cambiario argentino, de flotación entre bandas, sucede a un sistema de control del dólar al 1% mensual que agotó sus recursos, siendo un cambio estratégico evidente y necesario para el mercado y los economistas. Sin embargo, se advierte sobre el impacto en la actividad económica por el encarecimiento del crédito y la disminución del consumo.
Sebastián Menescaldi (Eco Go) prevé tasas de interés más volátiles y elevadas, frenando el crecimiento del crédito en dólares y pesos, lo que podría reducir el crecimiento económico general. Haroldo Montagu (Vectorial) coincide en que la flotación impactará negativamente el consumo por la esperada caída de los ingresos reales. Orlando Ferreres estima una inflación de abril en torno al 5%.
Respecto a las exportaciones, la devaluación no se traduciría en mayores ventas debido a la baja de precios internacionales por la guerra arancelaria. Montagu señala que esta potencial consecuencia positiva no se materializaría.
Un consultor productivo opina que la apertura del cepo es aún «liviana» para generar confianza y que el Gobierno buscará mantener el tipo de cambio real «contenido», siendo el dólar, la inflación y el crédito las variables clave para la actividad. Pronostica el incumplimiento de las metas de reservas con el FMI, lo que podría requerir una devaluación mayor para alcanzarlas.
Maximiliano Ramírez (Lambda) advierte sobre el encarecimiento del crédito para empresas y familias por el aumento de las tasas de depósito bancarias, no acompañado por la tasa de política monetaria. Proyecta una inflación cercana al 4,5% y 4,8% para abril y mayo, y un acceso al crédito más restringido.
A pesar de las proyecciones de crecimiento del FMI y el REM para 2025, los economistas coinciden en que la actividad se verá afectada por estas medidas financieras. Montagu considera que el crecimiento actual es un «rebote» de la mala situación de 2024 y que la caída de los ingresos reales impactará el consumo.


