En un ambiente de solemnidad y expectación, el recién elegido Papa León XIV presidió su primera misa como Sumo Pontífice en la emblemática Capilla Sixtina. Durante la ceremonia, que congregó a los cardenales electores y a miembros del clero, su homilía se centró en la apremiante necesidad de revitalizar la fe en un mundo marcado por el declive espiritual y la creciente influencia de valores seculares.
Con un tono reflexivo y a la vez enérgico, León XIV recordó las enseñanzas de su predecesor, Jorge Bergoglio (Papa Francisco), citando su constante llamado a dar testimonio de la fe en Jesús como el Salvador. «Como nos enseñó Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe en Jesús salvador», expresó el nuevo Papa, estableciendo una continuidad con el magisterio precedente y reconociendo la profunda huella dejada por su antecesor. Acto seguido, extendió una invitación a la colaboración fraterna: «Caminen conmigo», imploró a los cardenales, marcando el inicio de su pontificado con un llamado a la unidad y al trabajo conjunto.
Al dirigirse directamente al Colegio Cardenalicio, el Papa León XIV profundizó en la naturaleza de su nuevo rol y en las expectativas que recaen sobre él. «Me llamaron para llevar una cruz y para ser bendecido con esta misión», afirmó, reconociendo el peso de la responsabilidad que asume. En este contexto, reiteró su petición de acompañamiento: «Y quiero que ustedes caminen conmigo porque somos Iglesia, una comunidad que debe anunciar la Buena Nueva». Pronunciando estas palabras en inglés, en su calidad de primer Papa estadounidense, subrayó la universalidad del mensaje cristiano y la naturaleza colegial del liderazgo eclesial. Además, enfatizó la centralidad de la figura de Cristo: «Jesús nos mostró un modelo de humanidad santa que todos podemos imitar», invitando a los fieles y a la jerarquía a seguir el ejemplo del Hijo de Dios.
Uno de los ejes centrales de la homilía fue la preocupación del Papa por el retroceso de la fe cristiana en diversos contextos contemporáneos. Advirtió sobre la creciente tendencia a priorizar valores materiales y efímeros: «Son muchos los contextos en los que la fe cristiana se considera un absurdo, algo para personas débiles y poco inteligentes, contextos en los que se prefieren otras seguridades distintas a la que ella propone, como la tecnología, el dinero, el éxito, el poder o el placer». Ante esta realidad, León XIV hizo un llamado a la Iglesia Católica a reafirmar su rol como guía moral y espiritual: «Llamó a la Iglesia católica a ser un faro que ilumina las noches del mundo».
El Pontífice también reflexionó sobre las consecuencias de la falta de fe en la sociedad, describiéndola como una fuente de «muchas heridas». En este punto, volvió a referirse a la sabiduría de su predecesor: «Como muchas veces nos ha enseñado el Papa Francisco, estamos llamados a dar testimonio de la fe gozosa en Jesús salvador», remarcando la importancia de una vivencia alegre y contagiosa de la creencia cristiana.
Finalmente, León XIV abordó una preocupación pastoral específica: la tendencia a desfigurar la verdadera identidad de Jesús. «No faltan tampoco los contextos en los que Jesús, aunque apreciado como hombre, es reducido solamente a una especie de líder carismático o a un superhombre. Y esto no solo entre los no creyentes, sino incluso entre muchos bautizados, que de ese modo terminan viviendo, en este ámbito, un ateísmo de hecho», lamentó el Papa, instando a una comprensión más profunda y auténtica de la divinidad y humanidad de Cristo.
La noche anterior a esta significativa misa, el Sumo Pontífice compartió una cena fraterna con los 132 cardenales que participaron en el cónclave que lo eligió, un encuentro que simbolizó la unidad y la colegialidad del cuerpo eclesial. Tras su inesperada elección, anunciada desde el balcón de la Plaza de San Pedro, León XIV ya había delineado algunas de las prioridades de su pontificado: «Juntos, debemos intentar descubrir cómo ser una Iglesia misionera, una iglesia que construye puentes, establece diálogo», exhortó a los fieles, añadiendo un llamado a la valentía y a la colaboración: «Sin miedo, unidos, dando la mano a Dios y dándonosla entre nosotros».
Robert Francis Prevost, el religioso estadounidense de 69 años que también ostenta la nacionalidad peruana, fue elegido el jueves 8 de mayo para suceder al Papa Francisco como líder espiritual de los 1.400 millones de católicos en el mundo. Para su papado, eligió el nombre de León XIV como un gesto de homenaje al influyente Papa León XIII, reconocido por ser el creador de la doctrina social de la Iglesia, marcando así una posible orientación para su pontificado. Su elección lo convierte en el primer pontífice de origen estadounidense en la historia de la Iglesia Católica y el segundo proveniente del continente americano, tras su predecesor Francisco, inscribiéndose como el 267º sucesor de San Pedro en la bimilenaria tradición católica.


