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Crisis en Chubut: El viento reactiva el fuego en Cholila y las llamas ya amenazan a Esquel

El incendio ya consumió más de 40.000 hectáreas en el año más seco de la última década. Más de 500 personas combaten el avance del fuego en un escenario de escasez hídrica y agotamiento extremo.

CHOLILA (Enviado Especial).– Lo que parecía estar cerca de ser controlado se convirtió nuevamente en una pesadilla. En las últimas horas, los cambios bruscos en la dirección e intensidad del viento desataron un giro dramático en los incendios forestales que azotan a la provincia de Chubut. El foco principal en la zona de Cholila se reactivó con ferocidad, poniendo en alerta máxima a las autoridades y empujando las llamas peligrosamente hacia la ciudad de Esquel.

El panorama es desolador: más de 40.000 hectáreas han sido reducidas a cenizas. La magnitud del desastre no es casual; los especialistas advierten que la región atraviesa el año más seco de la última década. Sin agua y con niveles de humedad casi inexistentes, el bosque nativo se ha transformado en un combustible letal que arde ante la mínima chispa.

Un ejército contra el fuego

En el terreno, la batalla es desigual. Un operativo de 500 personas, que incluye a más de 270 brigadistas de distintos puntos del país y dotaciones de bomberos voluntarios, trabaja sin descanso. Sin embargo, la logística se ve entorpecida por la falta de recursos hídricos. En un acto de desesperación y supervivencia, los vecinos han tenido que aprender a manejar bombas de agua para intentar abastecerse y proteger sus hogares.

“Todo esto se está viviendo con mucha angustia. Hay viviendas en todos lados, incluso en las zonas más altas y cercanas al fuego. Tenemos muchísimos voluntarios trabajando, incluso gente que vino desde Salta”, relata José, bombero y vecino de Cholila, con la voz quebrada.

El factor humano: cansancio y lágrimas

Detrás de las cifras y los mapas de calor, emerge la tragedia humana. El agotamiento de los equipos de rescate es crítico. José describe una rutina que roza lo inhumano: “Mis compañeros llegan a las 12 de la noche para darse una ducha y a las 5 de la mañana ya arrancan otra vez. Hay bomberos que no duermen ni descansan; es realmente triste ver esto”.

La preocupación no es solo por el presente. El cambio climático proyecta una sombra inquietante sobre la Patagonia: los expertos aseguran que este escenario de temperaturas extremas y falta de lluvias podría ser la «nueva normalidad» para los próximos veranos, lo que obligaría a una reestructuración total de las políticas de prevención de incendios.

Mientras tanto, el monitoreo es minuto a minuto. Con el cielo cubierto por una densa capa de humo gris que ya alcanza a los centros urbanos cercanos, el objetivo principal es evitar que las llamas crucen los perímetros de las áreas pobladas. La Patagonia resiste, pero el fuego, alimentado por el viento y la sequía, no da tregua.

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