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domingo, mayo 24, 2026

El sueño hecho realidad: Desde Las Chacras a brillar en Madrid como jockey

De los senderos de Caucete a los hipódromos de Europa: la asombrosa historia de Omar Daniel Andrada

Nacido en Las Chacras, hijo de once hermanos, Omar Daniel Andrada es hoy un reconocido jinete y entrenador en Madrid, un testimonio de superación y arraigo que emociona a su familia en San Juan.

En un rincón remoto de Caucete, en la comunidad de Las Chacras, donde las oportunidades son escasas y la vida presenta desafíos constantes, nació y creció Omar Daniel Andrada. Hijo mayor de once hermanos, Omar, de 44 años, conoció desde temprana edad lo que significaba montar a caballo por necesidad, no por pasatiempo.

Hoy, su vida es el vivo ejemplo de que la determinación puede llevar a horizontes inimaginables: reside en Madrid, España, donde se destaca como entrenador y jinete de equinos, tras haber forjado una notable carrera como jockey profesional que lo llevó desde el árido campo de su tierra natal a recorrer prestigiosos hipódromos de Argentina y Europa.

«Nacer acá y llegar tan lejos no es para nada fácil, es un orgullo muy grande», expresa conmovida Sara Elizondo, de 67 años, la madre de Omar, mientras Jorge Andrada, su padre de 73, asiente con satisfacción. Este medio visitó a sus padres en su modesta pero espaciosa casona, construida sobre la montaña a unos dos kilómetros de la Escuela Rómulo Giuffra, en el corazón de Las Chacras.

El acceso a la vivienda es un camino difícil, con rocas desafiantes y subidas peligrosas. A pesar de la exigencia del trayecto, un antiguo Fiat Regatta, cuyo valor es comparable al de una sola rueda de una camioneta 4×4, descansa en la entrada, evidenciando la humildad del entorno. En este vehículo, los Andrada descienden ocasionalmente a Caucete para sus compras mensuales y luego regresan para retomar las labores del campo.

En una galería abierta, cerca del corral donde actualmente solo pastan dos caballos (los demás andan sueltos), dos collages pegados sobre cartones resaltan en la pintura vieja de una pared. Las fotografías muestran a un menudo jockey de rostro sonriente junto a un caballo y un trofeo, y en otras, celebrando junto a sus padres. Ese joven de 166 centímetros y 54 kilos es Omar, quien ahora responde a una llamada desde el Viejo Continente.

Son las 8 de la mañana en Madrid, mientras que en San Juan son las 3 de la madrugada. «Antes la vida en el pueblo era aún más dura que ahora, no había transporte, no había luz. El que tenía una bicicleta era un lujo», recuerda con una voz arrastrada y las ‘erres’ bien marcadas que no ha perdido, a pesar de los más de 10.000 kilómetros que lo separan de su tierra. «Íbamos a la escuela en burro o caballo, y jugábamos carreras entre los hermanos.

El Omar nos ganaba, pero no todas las veces», ríe David, un año menor que el protagonista de esta historia, provocando una carcajada en Omar desde España al ver el video con el testimonio de su hermano.

Un camino de esfuerzo y superación

Tras completar los primeros años de escuela en su pueblo, Omar se trasladó a Caucete para terminar la secundaria, una etapa sumamente difícil, marcada por la crisis del 2001. «Vivíamos en un ranchito que nos prestaba un tío, que apenas tenía una cocinita.

Dormíamos en el piso o sobre cajones de uva. Yo estudiaba de noche y de día trabajaba en los parrales», relata. Con esfuerzo y la ayuda de una hermana que vivía con él y elaboraba pan para vender o intercambiar en ferias de trueque, logró finalizar la secundaria e incluso realizó un curso de Electricidad Domiciliaria. Sin embargo, su destino estaba ligado al mundo ecuestre.

Un día, mientras trabajaba en Caucete para la familia Maurín, criadora de caballos, un hombre de Rosario llegó a comprar un ejemplar y solicitó un peón. La oportunidad se presentó para Omar. «Mis viejos se enteraron dos días antes de que me fuera. Nunca había salido de la provincia», recuerda. Así llegó a Luis Palacios, un pequeño pueblo santafesino donde trabajó durante seis años en un club ecuestre llamado Pingo Fe.

Allí vivió, cuidó caballos y comenzó a entrenar equitación. «Ese pueblo me ayudó a seguir, a soportar la distancia y ese mundo nuevo para mí. Si hubiese ido directamente a Rosario, no sé si hubiese aguantado el cambio», admite.

Posteriormente, dio el salto al Hipódromo de Rosario gracias a Lucas Cudiciotti, con quien salía a herrar por las tardes, mientras que por las mañanas montaba caballos de carrera para realizar el vareo. Poco a poco, su talento fue notado por los entrenadores, entre ellos el prestigioso Juan Guillermo Ublich, quien lo impulsó para que obtuviera su licencia profesional de jockey. De la mano de Ublich, con quien forjó una gran amistad, y a fuerza de trabajo y perseverancia, triunfó en numerosas carreras que le permitieron competir en prestigiosas pistas nacionales como Palermo y San Isidro. Guarda con especial cariño las victorias con ejemplares como «Bonito Balsero», «Master of Light» o «Yarará», algunos de los caballos con los que ganó más de 70 carreras.

El salto a Europa y la humildad intacta

Su carrera estaba en pleno ascenso cuando el amor llamó a su puerta. A través de Facebook, conoció a Vanesa Patricia Sosa, una rosarina apasionada por las motos. La relación floreció y se casaron en marzo de 2023. Al día siguiente, emprendieron su primer viaje en avión rumbo a Europa.

Convocados por Ariel Palacios, un amigo jockey que trabajaba en España, aterrizaron en Madrid. Vivieron un tiempo en San Sebastián y luego se establecieron en Pozuelo de Alarcón, cerca del Hipódromo de la Zarzuela, donde Omar trabaja actualmente entrenando y cuidando caballos de una caballeriza. Aunque ya realizó algunas pruebas como jockey invitado, se encuentra en proceso de obtener su licencia oficial. «Allá lo respetan mucho, lo escuchan mucho porque sabe un montón. De todo lo que aprendió de chiquito acá, ha llevado ideas muy buenas para allá y por eso lo valoran mucho», explica David, su hermano.

«No me gusta tanto el movimiento de la ciudad, pero es todo muy hermoso y tenés todo cerca. Hemos recorrido castillos, museos, montañas. Es muy bueno el transporte acá», comenta el jockey. A pesar de disfrutar su presente, Omar no olvida sus raíces: «Jamás pensé hacer lo que estoy haciendo, pero sí desde chico siempre tuve el sueño de irme a trabajar en algo que me gustara y volver a Las Chacras». Desde la casa de siempre, su madre Sara resume con una mezcla de emoción y orgullo: «Lo mejor es que no ha perdido la humildad. Siempre que puede viene o está en contacto permanente, no pierde las costumbres de acá y no se olvida de sus raíces, es como si nunca se hubiese ido lejos».

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