Especialistas explican que, si bien el clima no genera la enfermedad, la baja temperatura y los cambios de presión atmosférica actúan como disparadores del malestar. Mantener la movilidad y aplicar calor local son las claves para no perder autonomía en las tareas diarias.
De acuerdo con estudios internacionales como el EPISER, más del 33% de la población adulta convive con algún grado de artrosis, una patología degenerativa que desgasta el cartílago. Con la llegada de las bajas temperaturas, los síntomas típicos —dolor, pérdida de movilidad y agarrotamiento— suelen agudizarse, afectando principalmente a rodillas, caderas y manos.
¿Por qué el frío afecta las articulaciones?
Aunque la ciencia aún debate los mecanismos exactos, los investigadores proponen tres causas principales:
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Vasoconstricción: El frío reduce el flujo sanguíneo hacia las articulaciones.
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Tensión muscular: El cuerpo tiende a contraer los músculos para generar calor, lo que aumenta la sensación de dureza articular.
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Presión atmosférica: Las variaciones en el ambiente alteran la percepción del dolor en tejidos que ya están sensibles o dañados.
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Sedentarismo estacional: Como señala la Dra. Miriam Piqueras (Sanitas), el clima invita a quedarse quieto, lo que reduce la estabilidad muscular y empeora la función articular.
Consejos prácticos para reducir el dolor
Para evitar que el invierno limite actividades cotidianas como cocinar, escribir o caminar, los especialistas recomiendan:
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Calor local: Aplicar una manta eléctrica o tomar una ducha tibia antes de comenzar el día para «ablandar» las articulaciones.
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Movimiento controlado: Realizar caminatas suaves, estiramientos o natación en ambientes climatizados.
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Regla de los 45 minutos: Si estás sentado mucho tiempo, levantate y movete al menos una vez por hora para evitar el agarrotamiento.
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Control de peso: Mantener un peso saludable es vital para reducir la carga mecánica sobre las rodillas y la cadera.
Cuándo consultar al médico
Si el dolor persiste a pesar de los cuidados caseros o si impide realizar tareas básicas, es fundamental acudir a un reumatólogo. El tratamiento moderno combina fisioterapia, control de peso y, en casos específicos, medicación o intervenciones quirúrgicas adaptadas a cada paciente.



