Un informe de Argentinos por la Educación reveló que el 53% de los alumnos sanjuaninos de esa edad cuenta con un dispositivo personal. El dato enciende el debate global entre la prohibición en las aulas y la educación digital responsable.
SAN JUAN.– La tecnología pisa cada vez más fuerte en la infancia y las estadísticas locales lo respaldan de forma contundente. A los 8 años, cuando apenas transitan el tercer grado de la escuela primaria, el 53% de los niños sanjuaninos ya tiene un teléfono celular propio. El dato se desprende del reciente informe nacional titulado “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?”, elaborado por la organización Argentinos por la Educación, el cual refleja cómo estos dispositivos se han transformado en un elemento cotidiano a edades muy tempranas.
El estudio, confeccionado por los especialistas Andrea Goldin (CONICET y Universidad Torcuato Di Tella), Martín Nistal y Tomás Besada, analizó las respuestas obtenidas en el operativo Aprender. A nivel nacional, la media indica que el 59% de los chicos de 8 años posee un móvil personal, un 23% utiliza el de un familiar y apenas un 18% no tiene acceso a ninguno. Si bien San Juan se ubica levemente por debajo del promedio del país, la cifra local sigue siendo sumamente elevada, abarcando a más de la mitad de la población escolar de esa franja.
El gran dilema de las escuelas: ¿Restricción o pedagogía?
La masificación de las pantallas en las mochilas escolares abrió un debate complejo que divide aguas en los sistemas educativos de todo el mundo: ¿Es conveniente prohibir los teléfonos en los establecimientos?
Según el informe, la respuesta no es lineal. Las investigaciones internacionales demuestran con solidez que limitar el uso de celulares reduce notablemente las distracciones y las interrupciones durante las horas de clase. Sin embargo, esto no se traduce de forma automática en un mejor rendimiento académico o mejores notas. Mientras que en algunos sectores vulnerables o de bajo desempeño se detectaron mejoras moderadas tras las prohibiciones, en otros países con restricciones severas no se hallaron cambios significativos en el aprendizaje. Tampoco hay conclusiones unánimes sobre su impacto real en el bienestar emocional o la disminución del bullying.
Una tendencia global que presiona a la Argentina
A pesar de las dudas científicas sobre el rendimiento escolar, la tendencia a regular el uso va en aumento. Datos de la UNESCO reflejan que, mientras en 2023 menos del 25% de las naciones prohibía los teléfonos en clase, este año la cifra ya roza el 60% a nivel mundial.
En la Argentina, al menos 11 provincias ya implementaron leyes o protocolos específicos: algunas optaron por la veda total en ciertos niveles, mientras que otras permiten los dispositivos exclusivamente bajo supervisión docente y con fines estrictamente pedagógicos.
La voz de las especialistas
«Prohibir o no prohibir, esa es la cuestión. Considero que no hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías, sino aprender a usarlas con objetivos pedagógicos claros; que no nos usen ellas a nosotros». — Andrea Goldin, coautora del informe e investigadora del CONICET.
Por su parte, Lucía Fainboim, especialista en ciudadanía y cuidados digitales, se mostró alarmada por el rol de las corporaciones tecnológicas en la niñez: “Me preocupa que hayamos naturalizado que un niño de ocho años tenga un celular propio. Las plataformas piensan al niño como usuario y consumidor. Los adultos tenemos que pensarlos como niños que merecen una infancia plena”, advirtió. En sintonía, la experta Melina Masnatta sumó que el verdadero reto radica en el acompañamiento y la guía digital, desplazando el eje de la mera prohibición.
Con las cartas sobre la mesa y los teléfonos encendidos, el panorama en San Juan demuestra que el celular ya es parte de la infancia. El desafío urgente, según coinciden los expertos, radica en tejer alianzas y acuerdos sólidos entre las familias y las escuelas para que la tecnología sea una herramienta aliada y no una interferencia en el desarrollo de los más chicos.



