
En condiciones normales la baja de la tasa de interés de Estados Unidos debiera ser una noticia positiva para las perspectivas de la economía argentina, sus empresas y el Gobierno. Sin embargo, con un riesgo país arriba de 1.000 puntos básicos, la economía frenada y otro revés político que sufre el oficialismo después de la derrota de las elecciones, las chances de que la Argentina se beneficie en lo inmediato de este movimiento en los mercados internacionales es más bien bajo. Casi nulo.
¿Qué sucedió ayer en Estados Unidos?
La Reserva Federal, que es el Banco Central, redujo un cuarto de punto la tasa de interés por primera vez en nueve meses y en la gestión de Donald Trump.
La cuestión no fue no sin sobresaltos.
El presidente de EE.UU. venía hablando en público de que la Fed tenía que bajar la tasa para así estimular la inversión y el empleo. Trump tiene un pasado como empresario del sector de la construcción y siempre abogó por tasas bajas. De hecho hizo lo mismo en su primer mandato cuando criticó al actual jefe de la Reserva, Jerome Powell, por demorar la baja de tasas. Lo apodó “Mr. too late (Sr. demasiado tarde)”.
La presión de Trump para lograr su cometido fue incluso más allá. Días atrás intentó relevar de su cargo a uno de los miembros del Comité de Política Monetaria que se oponía a reducir las tasas y terminó acusándolo en la Justicia de un fraude por un trámite con una hipoteca personal. Y este lunes el Senado confirmó a uno de los economistas asesores de la Casa Blanca, Stephen Miran, en la Reserva Federal. Miran votó ayer a favor de Trump, de que las tasas se redujeran medio punto.
La tasa de referencia en Estados Unidos quedó en el rango 4%-4,25%, el nivel más bajo de los últimos tres años. Eso significará un alivio para las tarjetas de crédito de los consumidores, las deudas de las pymes, las hipotecas de las familias y el costo que paga el Tesoro de EE.UU. para endeudarse a 10 años. Como contrapartida de esto último, los fondos de inversión de todo el mundo buscarán rendimientos más altos en otros países a costa quizá de incurrir en un riesgo mayor. Siempre que EE.UU. reduce las tasas, la liquidez se traslada a los mercados emergentes buscando ganancias más atractivas.
La Argentina se ha visto beneficiada en el pasado de estos procesos. Cuando la Reserva Federal inició un período de recorte de tasas, por ejemplo en 2002, cuando EE.UU. empezó a revertir una era de dólar caro a nivel mundial -que coincidió cuando el peso estaba atado al dólar durante la convertibilidad-, aquello habilitó un período de precios de las materias primas excepcional que el país aprovechó a la salida de la crisis de 2001.
Pero hoy en día con el riesgo país arriba de los 1.000 puntos, el dato del PBI del segundo trimestre contrayéndose y la incertidumbre política, se vuelve difícil que la Argentina capitalice en lo inmediato el acceso a dinero más barato en los mercados globales. ¿Dónde quedarán los planes de inversión? Y mucho menos para el Gobierno y el equipo económico que paradójicamente habían planificado volver a acceder al financiamiento externo en 2026. Justo cuando Estados Unidos seguiría bajando las tasas en lo que resta del año. ¿Dejará pasar esta chance de crédito más accesible la Argentina?


