El Gobierno de Brasil resolvió que su embajador en Argentina, Julio Bittelli, no regrese a la sede diplomática de Buenos Aires. La decisión, confirmada desde el Palacio de Planalto, representa una fuerte rebaja en la relación bilateral en medio de un severo deterioro de los vínculos entre las administraciones de Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei. La embajada brasileña quedará temporalmente a cargo de un «encargado de negocios».
La escalada de declaraciones y el origen del conflicto
El quiebre diplomático se produjo tras una serie de fuertes cruces públicos entre ambos mandatarios:
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Ataques verbales de Milei: Durante un viaje a San Pablo para apoyar la candidatura de Flávio Bolsonaro, el presidente argentino tildó a Lula de «ladrón, corrupto y presidiario», afirmando que salió de prisión por un «error administrativo».
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Respuesta de Lula: El mandatario brasileño calificó la participación de Milei en el acto opositor como una «payasada» y advirtió que no tolerará la injerencia de dirigentes extranjeros en los comicios de su país.
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Redoble de la apuesta: Tras ser convocado el embajador Bittelli a Brasilia para consultas, el presidente argentino insistió con los descalificativos en una entrevista televisiva, lo que precipitó la decisión final del canciller brasileño Mauro Vieira.
Nota de protesta e impacto institucional
La Cancillería de Brasil entregó una nota de protesta formal al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, notificando la postergación indefinida del retorno de Bittelli y la rebaja en la categoría de la representación. Se trata de una medida casi inédita que no solo afecta de manera directa la relación con el principal socio comercial de la región, sino que también genera incertidumbre sobre la dinámica del Mercosur.



