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jueves, octubre 29, 2026

De alumno de escuela albergue a maestro cordillerano: la historia de Javier Ortiz y el costo de la vocación

Nacido en Valle Fértil, hoy es director de la Escuela Miguel Cané en Bauchazeta, a 3.000 metros de altura. Reflexiona sobre el impacto pedagógico en zonas inhóspitas y el impacto de la distancia en la vida familiar.

Javier Ortiz descubrió su vocación por la docencia a los 28 años, tras intentar estudiar abogacía en Mendoza y regresar a Valle Fértil por limitaciones económicas. Su infancia estuvo marcada por la pérdida de su madre a los 11 años y su estadía en la Escuela Albergue Casa del Niño mientras su padre trabajaba, una vivencia que, sin saberlo, anticipó la labor a la que dedicaría su vida adulta.

Tras titularizar en el sistema educativo, inició un recorrido por instituciones de difícil acceso, comenzando en la Escuela Albergue Marcos Gómez (Sierras de Elizondo) y la Escuela Buenaventura Collado (Sierras de Rivero).

Enseñar y dirigir a 3.000 metros de altura

Actualmente, Ortiz se desempeña como maestro y director en la Escuela Albergue Miguel Cané, situada en la localidad de Bauchazeta, departamento Iglesia. El establecimiento se ubica al pie de la cordillera y cuenta con un camino de acceso complejo sujeto a las inclemencias del tiempo.

  • Matrícula: Cuenta con 9 alumnos inscriptos (con una asistencia media de 7 estudiantes) provenientes de familias con contexto socioeconómico vulnerable.

  • Modalidad de trabajo: El régimen implica 10 días continuos de residencia en la escuela por 5 días de descanso, periodo que habitualmente se destina a trámites institucionales y logística administrativa.

El impacto de la distancia y el balance familiar

Ortiz remarca que la labor en estas instituciones requiere una sensibilidad particular para acortar las brechas educativas entre los estudiantes rurales y urbanos. Sin embargo, al analizar su trayectoria, reflexiona sobre el costo personal que implica la dedicación de tiempo completo a las escuelas de cordillera.

«Te perdés mucho de tu familia. Perdemos mucho al dedicarle tanto a la profesión. Si tengo que acompañar a mi hijo lo acompaño, para enmendar o recuperar la ausencia, pero la docencia te exige tiempo. A esta altura de mi vida, si me preguntan si lo tengo que hacer de nuevo, digo que no», afirmó.

Pese al desgaste que genera la distancia, el docente señala que no se arrepiente de las decisiones tomadas y sostiene su compromiso en el aula hasta el momento de su retiro, etapa en la que priorizará el tiempo junto a su familia.

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