El «Pincha» perdía 1-0 tras un gol de Franco Zapiola, pero Lucas Alario apareció sobre el final con un doblete heroico para sellar el 2-1 y sumar una nueva estrella a las vitrinas de La Plata.
SAN NICOLÁS – En una tarde cargada de dramatismo en el Estadio Único de San Nicolás, Estudiantes de La Plata ratificó su jerarquía de campeón. Pese a encontrarse en desventaja durante gran parte del segundo tiempo, el equipo platense reaccionó a tiempo para vencer 2-1 a un combativo Platense y consagrarse una vez más.
Un primer tiempo de ajedrez
La primera mitad reflejó la tensión propia de una final. Estudiantes, que llegaba con el envión de haber conquistado el Torneo Clausura, intentó imponer condiciones, mientras que el «Calamar» —en el debut de Walter Zunino como DT— apostó al orden táctico tras más de un mes de inactividad oficial. El resultado fue un juego trabado, con pocas llegadas y un 0-0 que dejó conformes a ambos de cara al descanso.
La ley del ex y la ráfaga de Alario
El complemento rompió la monotonía apenas comenzado. Tras un lateral lanzado al corazón del área y un rechazo defectuoso de la defensa albirroja, Franco Zapiola capturó el rebote y sacó un derechazo fulminante que venció la resistencia de Fernando Muslera. El 1-0 a favor de Platense parecía un golpe de nocaut para el campeón.
Sin embargo, la mística del «Pincha» apareció cuando más se la necesitaba, personificada en su goleador:
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Minuto 78: Tras un centro preciso, Lucas Alario se elevó en el área y, con un cabezazo certero, estampó el 1-1 que devolvió la esperanza a la parcialidad platense.
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El cierre: Cuando el partido moría y los penales asomaban en el horizonte, nuevamente el ex-River apareció en el área para conectar y dar vuelta el marcador, sellando el 2-1 definitivo en apenas un puñado de minutos.
Una nueva estrella
Con el pitazo final, Estudiantes celebró la obtención de un nuevo título, consolidando su dominio en el fútbol local. Para Platense queda el sabor amargo de haber estado cerca del batacazo en el estreno de su entrenador, pero con la frente alta por haber puesto en jaque al último campeón.



