BUENOS AIRES — En lo estrictamente deportivo, el marcador electrónico cerró con una contundente victoria por 3-0. Sin embargo, la cifra y el juego pasaron a un segundo plano absoluto. La noche en el Estadio Monumental estuvo atravesada de punta a punta por un sentimiento inabarcable: la emotiva despedida de Lionel Messi de la Selección Argentina.
Desde el momento mismo en que pisó el verde césped, el clima en el estadio anticipaba una jornada irrepetible. Cada movimiento del capitán fue acompañado por un fervor ensordecedor, mientras miles de hinchas buscaban grabar a fuego en su memoria cada instante del último baile del 10 con la camiseta celeste y blanca.
Una ovación que hizo temblar el estadio y las lágrimas del capitán
El momento cúspide de la noche llegó cuando el estadio entero se rindió a sus pies en una ovación interminable. Visiblemente conmovido, Messi no pudo contener las lágrimas, protagonizando una de esas escenas esculpidas para la eternidad que trascienden las fronteras del fútbol.
Fueron más de dos décadas de un recorrido cinematográfico: años de alegrías, sinsabores, finales adversas, críticas superadas, revanchas y una gloria inigualable. El capitán atravesó todos los estados posibles con la Albiceleste hasta esculpir la página más dorada de la historia del deporte nacional, coronada con las conquistas de la Copa América, la Finalissima y la inmortal Copa del Mundo de Qatar.
El pitazo final decretó el 3-0 definitivo ante Benín, cerrando un partido perfecto en los papeles, pero la imagen que quedará grabada en el alma de millones de argentinos es la de su líder eterno despidiéndose con el pecho inflado de orgullo, arropado por el cariño genuino de su gente y entendiendo que la camiseta que defendió como nadie ya se convierte en leyenda.



