A 44 años del inicio del conflicto, el país rinde tributo a los 649 soldados fallecidos y a los más de 23.000 veteranos que combatieron en las islas. Una jornada para recordar que la soberanía es una causa que trasciende gobiernos y generaciones.
ARGENTINA – Cada 2 de abril, las plazas de todo el país se llenan de banderas celestes y blancas para honrar a los protagonistas de la Operación Rosario. No es solo un feriado; es el recordatorio de una gesta marcada por el heroísmo de jóvenes soldados que enfrentaron condiciones extremas frente a una de las potencias militares más grandes del mundo.
El origen de la conmemoración
La fecha remite al desembarco de las Fuerzas Armadas argentinas en 1982, recuperando momentáneamente el control del territorio ocupado por el Reino Unido desde 1833. Aunque la decisión fue impulsada por la dictadura de Leopoldo Galtieri en un intento de oxígeno político, el sentimiento por las Islas Malvinas movilizó unánimemente a un pueblo que sentía (y siente) ese suelo como propio.
Los números de una guerra desigual
El conflicto, que se extendió por 74 días, dejó cicatrices que aún hoy no terminan de cerrar:
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Combatientes: Más de 23.000 argentinos fueron enviados al teatro de operaciones.
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Héroes caídos: 649 soldados perdieron la vida en combate o durante el hundimiento del crucero ARA General Belgrano.
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Condiciones: Los soldados enfrentaron el frío polar, turberas imposibles y graves fallas en la logística de suministros y armamento.
El legado: De la derrota a la democracia
La rendición del 14 de junio de 1982 fue un golpe devastador, pero también el principio del fin para el régimen militar. La derrota aceleró el proceso de apertura que culminaría con el regreso de la democracia en 1983.
Hoy, el reclamo de soberanía sigue vigente por la vía diplomática, pero el 2 de abril pertenece exclusivamente a los veteranos. A aquellos que volvieron y tuvieron que luchar contra el olvido, y a aquellos que quedaron custodiando las islas para siempre.
Actos en todo el país
Desde la vigilia en Río Grande (Tierra del Fuego), pasando por el cenotafio de Retiro en Buenos Aires, hasta el rincón más pequeño del interior, los homenajes se repiten:
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Vigilias: El pueblo acompaña a los veteranos desde la medianoche del 1 de abril.
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Desfiles: Veteranos de todas las fuerzas marchan recibiendo el aplauso cerrado de la comunidad.
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Educación: En las escuelas, el relato de los excombatientes mantiene viva la llama de la «Malvinización».
Reflexión: «Las Malvinas son argentinas» no es solo un lema; es un compromiso con la historia y con el futuro de una nación que no olvida a sus hijos.



