Pese al superávit fiscal y la emisión cero, el costo de vida suma su sexto mes consecutivo al alza. El rubro alimentos y la suba de tarifas de luz y gas alejan la meta del Gobierno de perforar el 2% en este primer trimestre.
El objetivo del Gobierno nacional de reducir drásticamente la inflación enfrenta un inicio de año más complejo de lo previsto. Según los últimos relevamientos de consultoras privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero difícilmente logre romper la barrera del 2%, ubicándose en cambio en una franja cercana al 3%. De confirmarse estos datos, el primer bimestre del 2026 marcaría una curva ascendente que pone en jaque las promesas oficiales de una deflación acelerada.
Los alimentos, el principal motor de las subas
Varios estudios coinciden en que la canasta básica sigue presionando el bolsillo de los argentinos. Los datos más destacados de la tercera semana de febrero muestran:
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LCG: Detectó que los alimentos acumulan una suba superior al 3% en las últimas cuatro semanas, impulsados por la carne y las verduras.
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Eco Go: Proyecta una inflación general del 3% para el mes, con el rubro alimentos en torno al 2,7%.
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Consumidores Libres: Su relevamiento de la primera quincena mostró un alza del 3,1% en productos básicos.
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Analytica: Estima una suba mensual del 2,8%.
La brecha entre las metas y la realidad
El escenario actual dista de las proyecciones que el presidente Javier Milei y su equipo económico habían trazado. El plan oficial aspiraba a perforar el piso del 2% en el primer trimestre para llegar a inicios del segundo semestre con una inflación inferior al 1%. Sin embargo:
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Enero cerró en 2,9%, sumando cinco meses de crecimiento ininterrumpido.
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Febrero sumará el peso de los servicios, con actualizaciones en las tarifas de luz y gas que impactarán de lleno en el índice final.
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Expectativas del mercado: Los analistas del REM (Banco Central) esperaban un 2,1%, una cifra que parece haber quedado obsoleta frente a la dinámica de las últimas semanas.
El dilema del esquema económico
Lo que más preocupa en los despachos oficiales es que la inflación se mantiene resiliente a pesar de que el Gobierno está cumpliendo con sus dos «dogmas» principales: el superávit fiscal y la no emisión de pesos. A esto se suma una política cambiaria que mantiene a raya el valor de la divisa, pero que aún no logra traducirse en una calma de los precios internos.
Con un salario promedio privado que cerró el 2025 en $1.798.332, la capacidad de consumo continúa bajo presión, mientras el Ejecutivo nacional busca recalibrar su estrategia para recuperar la senda descendente de los precios antes de la llegada del invierno.



