Un nuevo informe de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) trae una noticia positiva: en 2024, las muertes por siniestros viales en Argentina se redujeron a 4.027, lo que representa un descenso del 10,9% respecto al año anterior. A pesar de que la cifra sigue siendo alarmante, este es el registro anual más bajo desde la creación de la ANSV en 2008, excluyendo el año de la pandemia. Sin embargo, los especialistas insisten en que la problemática es mucho más compleja que lo que indican las normas de tránsito.
Las Cifras que Hablan por Sí Solas
- Menos muertes: El informe de la ANSV revela una baja significativa, con 4.027 fallecidos en 2024 contra los 4.522 de 2023. Esto sugiere que las campañas de concientización y las políticas públicas están comenzando a dar resultados.
- Velocidad y carriles: Un estudio del Instituto de Economía (INECO) de la UADE destaca que las rutas y autopistas concentran la mayoría de los siniestros graves. Un dato que alarma es que el carril izquierdo, el de mayor velocidad, concentra el 61,5% de los accidentes, muy por encima de los carriles centrales (23,1%) y el derecho (15,4%).
- Zonas de riesgo: En el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), las vías con más incidentes son la avenida General Paz y la autopista Panamericana, ambas con un alto flujo vehicular.
El Factor Humano, un Problema Estructural
Más allá de los números, especialistas como el psicólogo Ramiro Parsi, presidente de la Fundación Conducción Consciente, advierten que el problema de fondo es la falta de una formación integral de los conductores. Para Parsi, en Argentina existe un «analfabetismo vial» donde la enseñanza se centra en lo normativo y legal, pero deja de lado aspectos cruciales como:
- La inteligencia emocional.
- La gestión del conflicto.
- La impulsividad y agresividad al volante.
Parsi señala que las licencias de conducir suelen ser otorgadas por médicos clínicos, lo que ignora la importancia de una evaluación psicológica que podría detectar estos rasgos de personalidad. A su vez, critica que las sanciones actuales sean puramente económicas y no busquen la reeducación del conductor.
En conclusión, la reducción de muertes es una buena noticia, pero el informe deja claro que el verdadero desafío es abordar el comportamiento de los conductores para seguir disminuyendo la siniestralidad. Es necesario ir más allá de las normas y centrarse en la formación psicológica y educativa para construir una sociedad más segura en las calles y rutas.



