Hoy, miércoles 7 de mayo, comienza el Cónclave para elegir al nuevo Papa, el número 267 en la historia de la Iglesia Católica. En los próximos días, 133 cardenales electores se reunirán en la Capilla Sixtina del Vaticano, bajo estrictas normas de confidencialidad, un riguroso ceremonial y completo aislamiento. A continuación, los detalles clave de este trascendental proceso.
¿Cómo se elige al sucesor de Pedro?
Para que un cardenal sea proclamado Papa, debe obtener al menos 89 votos, lo que representa dos tercios del total de los 133 electores. Las votaciones se llevarán a cabo hasta cuatro veces al día:
- Dos por la mañana (aproximadamente a las 5:30 y a las 7, hora argentina).
- Dos por la tarde (a las 12:30 y poco después de las 14, hora argentina).
Después de cada ronda de votación, las papeletas se incinerarán en una estufa especial instalada para la ocasión. El humo que emane de la chimenea de la Capilla Sixtina comunicará el resultado al mundo:
- Fumata negra: indica que no se ha logrado una elección.
- Fumata blanca: anuncia que hay un nuevo Papa.
La primera votación y la consecuente fumata se esperan para hoy mismo, poco después de las 14:00 (hora argentina).
¿Quiénes son los protagonistas de la elección?
Solo los cardenales menores de 80 años tienen derecho a voto en el Cónclave. Sin embargo, según el derecho canónico, cualquier varón bautizado y soltero puede ser elegido como Sumo Pontífice.
En este Cónclave participan 133 cardenales electores, provenientes de 71 naciones distintas:
- 52 de Europa
- 37 de América (16 de EE.UU., 4 de Centroamérica, 17 de Sudamérica)
- 23 de Asia
- 17 de África
- 4 de Oceanía
El cardenal más joven en participar es Mykola Bychok, de 45 años, originario de Ucrania pero residente en Australia. Entre los más experimentados se encuentra el cardenal español Carlos Osoro Sierra, de 79 años.
Un dato significativo de este Cónclave es la participación, por primera vez, de cardenales provenientes de 15 países que nunca antes habían tenido representación en este evento, incluyendo Haití, Cabo Verde, Suecia y Sudán del Sur.
El día a día de los cardenales electores
Los cardenales se encuentran alojados desde ayer en la Casa Santa Marta, dentro de los muros del Vaticano.
Su jornada comienza a las 4 (hora argentina) con el rezo de las Laudes, seguido de las dos votaciones matutinas. Tras un breve descanso, regresarán a la Capilla Sixtina para llevar a cabo las dos votaciones de la tarde, a partir de las 12 (hora argentina).
Cada día concluirá con el rezo de las Vísperas, después de la última votación. Además, se celebrará una misa diaria. La misa de hoy, «Pro eligendo Romano Pontifice» (Por la elección del Romano Pontífice), tuvo lugar a las 5 (hora argentina) en la Basílica de San Pedro y fue presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, quien no participa como elector debido a su edad.
El ritual de apertura y la invocación al Espíritu Santo
A las 11:15 (hora argentina), una procesión solemne partirá desde la Capilla Paulina, encabezada por el cardenal Pietro Parolin, el cardenal más antiguo por fecha de nombramiento y ex Secretario de Estado del Vaticano.
Los cardenales vestirán sus ornamentos ceremoniales: la muceta, el roquete, la cruz pectoral con cordón rojo y dorado, el anillo cardenalicio, el birrete y el solideo. Durante la procesión, entonarán el himno «Veni, Creator Spiritus», invocando la guía del Espíritu Santo para la crucial elección del nuevo Pontífice.
Estrictas normas de seguridad y aislamiento
Desde las 10 (hora argentina) de hoy, todos los sistemas de comunicación móvil dentro del Vaticano han sido desactivados, y el Estado Pontificio permanecerá incomunicado hasta que se anuncie la elección del nuevo Papa.
A los cardenales electores se les han retirado sus teléfonos celulares, computadoras y tabletas, prohibiéndose cualquier contacto con el mundo exterior.
El lunes, todos los funcionarios y asistentes que participan en el Cónclave (ceremonieros, confesores, médicos, enfermeros, ascensoristas, etc.) prestaron juramento ante el Camerlengo Kevin Farrell. Se comprometieron a mantener un «secreto absoluto y perpetuo», así como a no utilizar ningún dispositivo de grabación, escucha o visualización.
La pena por violar este juramento de secreto es la excomunión automática (latae sententiae).


