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sábado, mayo 23, 2026

Nomofobia: la ansiedad de estar sin celular, un problema cada vez más común

El miedo irracional a no tener el teléfono celular cerca, conocido como nomofobia, es un fenómeno en aumento que afecta a jóvenes y adultos. Según expertos y diversos informes, esta fobia se manifiesta como una profunda angustia cuando se olvida el dispositivo, se queda sin batería o se pierde la conexión. Lo que en un principio parece ser una necesidad de estar conectado, es en realidad un reflejo del malestar emocional que genera la dependencia a las pantallas.


 

Impacto en la salud física y mental

 

El uso compulsivo del celular, especialmente durante la noche, tiene consecuencias directas en la salud.

  • Trastornos del sueño: El uso nocturno del celular, reportado por más de la mitad de los preadolescentes y adolescentes, interrumpe los ritmos circadianos debido a la luz azul que emiten las pantallas. Esto afecta la calidad del descanso, lo que, a largo plazo, impacta la salud física y mental.
  • Irritabilidad y aislamiento: Los expertos señalan que la dependencia a las redes sociales genera síntomas similares a otras adicciones, como el ansia por estar conectado, la pérdida de control y la irritabilidad cuando se limita su uso.
  • Problemas de concentración: La exposición a estímulos constantes y rápidos, como los de plataformas como TikTok, puede alterar la memoria, la atención y el estado de ánimo.

 

La urgencia de «estar» en un mundo digital

 

Para los especialistas, la nomofobia está ligada al FOMO (fear of missing out o «miedo de quedarse afuera»). Los jóvenes temen ser marginados o «quedar fuera de onda» si no están permanentemente conectados, una ansiedad que las plataformas digitales aprovechan con sus algoritmos para mantener a los usuarios en línea.

La investigadora Carolina Duek describe una paradoja: los chicos se aburren al estar conectados, pero no quieren desconectarse por miedo a perderse algo importante. Este miedo al tedio también se replica en los adultos, quienes recurren a los dispositivos como una forma de escape.


 

Estrategias para una convivencia más saludable

 

Los expertos coinciden en que la solución no es prohibir el uso de la tecnología, sino educar y orientar.

  • Presencia y acompañamiento: La psicóloga Laura Jurkowski y otros especialistas proponen una convivencia consciente, con límites claros, horarios definidos y alternativas sin pantallas como el juego al aire libre, actividades físicas y momentos de calidad en familia.
  • Predicar con el ejemplo: Los hábitos digitales de los padres influyen directamente en los de sus hijos. Un estudio de 2024 halló que el 36% de los niños comienza a usar dispositivos antes de los dos años, y que este hábito se relaciona con el uso que los adultos dan a las pantallas.
  • Educación crítica: Roxana Morduchowicz, de la UNESCO, sugiere que el objetivo debe ser que los adolescentes no solo estén más conectados, sino que lo estén mejor. Esto se logra fomentando el pensamiento crítico sobre el contenido que consumen y las tecnologías que utilizan a diario.

El desafío de la nomofobia no es eliminar la tecnología, sino aprender a habitar el presente con conciencia crítica y fortalecer los vínculos reales.

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