Lo que debería ser una tarea de higiene urbana se ha convertido en una actividad de alto riesgo para el personal municipal. En las últimas horas, los trabajadores de recolección de residuos tuvieron que intervenir de urgencia para sofocar las llamas en un contenedor del Barrio La Patroncita, víctima de una grave imprudencia vecinal.
Una combinación peligrosa: Cenizas y brasas
El foco del conflicto radica en el arrojo de cenizas que aún contienen brasas encendidas. Al entrar en contacto con el resto de los residuos (plásticos, cartones y papeles), se genera una combustión inmediata que, en ocasiones, deriva en explosiones dentro del recipiente.
Esta situación no solo destruye el contenedor, sino que expone a los recolectores a quemaduras e inhalación de gases tóxicos en el momento de vaciarlos en el camión.
Falta de higiene y riesgos sanitarios
Además del fuego, el personal denunció el hallazgo frecuente de elementos prohibidos para este tipo de recipientes:
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Animales muertos: Generan focos infecciosos y olores nauseabundos.
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Residuos patológicos: Jeringas, gasas y otros elementos que exponen a los trabajadores a pinchazos y posibles contagios de enfermedades.
Un llamado a la empatía
Desde el municipio fueron tajantes: «El daño no se lo hacen al municipio, se lo hacen a los vecinos». La destrucción de estas unidades afecta directamente la limpieza del barrio y el presupuesto público que podría destinarse a otras mejoras.
Recomendación: Antes de tirar cenizas, asegúrese de que estén totalmente frías (lo ideal es mojarlas previamente). Los animales muertos y residuos de salud requieren un tratamiento especial y no deben ir al contenedor común.



