Mónica, la mamá del joven implicado en la causa judicial que conmociona a la comunidad, rompió el silencio con un desgarrador descargo. Aseguró que luchó durante años contra las adicciones de su hijo y apuntó de forma directa contra la inacción del Estado: «Esto se podría haber evitado si la Justicia me hubiera escuchado».
COMUNIDAD – El entramado judicial y policial que mantiene en vilo a la opinión pública sumó un capítulo de profunda crudeza humana. Mónica, la madre de Agustín Emanuel Vila, rompió el silencio a través de un extenso y doloroso descargo público. En sus declaraciones, la mujer no solo expuso el calvario íntimo de convivir con los consumos problemáticos, sino que cuestionó con dureza la falta de respuestas institucionales por parte del aparato judicial y los organismos de contención estatal.
Visiblemente afectada por el destino de su hijo, Mónica afirmó que durante años intentó tocar diferentes puertas y agotar los recursos legales a su alcance para lograr que el joven fuera sometido a una rehabilitación obligatoria. Sin embargo, denunció que sus insistentes alarmas fueron sistemáticamente desoídas.
«Esto se podría haber evitado si la Justicia me hubiera escuchado y lo hubiera obligado a hacer un tratamiento», sentenció de forma contundente, abriendo una fuerte grieta sobre la efectividad de las herramientas del Estado en materia de salud mental y prevención del delito.
Una lucha en soledad y la desesperación al límite
La mujer describió el progresivo deterioro que sufrió el joven a raíz de la dependencia química, una situación que, según su relato, terminó por corromper su conducta y lo arrastró hacia el circuito delictivo. Frente a las críticas y juicios sociales que recayeron sobre su rol materno tras la explosión del caso, Mónica fue tajante y graficó el nivel de desespero al que llegó el núcleo familiar:
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El juicio social: «No saben los que me juzgan todo lo que luché para sacarlo de la adicción», manifestó con indignación.
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Medidas extremas: En uno de los tramos más impactantes de su declaración, la mujer confesó los pensamientos que la invadían ante la impotencia de no recibir auxilio profesional: «Pensé en encadenarlo a la cama para que no saliera a robar».
Un debate estructural que trasciende la causa
Según la madre, el cuadro de consumo se había agravado drásticamente durante el último tiempo, lo que generó una escalada de violencia y degradación conductual que derivó en los hechos que hoy investiga la Justicia.
Más allá de las responsabilidades penales individuales de Agustín Vila, las cuales deberán ser dictaminadas por los tribunales competentes, el testimonio de Mónica reabrió un urgente debate social sobre los vacíos legales existentes para abordar las adicciones severas, la falta de dispositivos de intervención temprana y el desamparo absoluto que sufren las familias que intentan salvar a sus hijos de las drogas en un sistema burocrático que, muchas veces, llega tarde.



