El scratch sufría ante el plantejo de los asiáticos, que ganaban con un golazo de Sano. Casemiro metió el empate y, cuando el partido se moría en el alargue, Gabriel Martinelli clavó el 2-1 definitivo a los 96 minutos y 8 segundos. Los de Ancelotti ya están en octavos.
En uno de los partidos más dramáticos y espectaculares en lo que va de la Copa del Mundo 2026, la Selección de Brasil venció con lo justo a Japón por 2-1 y selló un agónico pasaporte a los octavos de final. El equipo dirigido por Carlo Ancelotti estuvo al borde del abismo ante un combinado nipón indomable que acarició la hazaña en suelo norteamericano.
El encuentro rompió todos los manuales desde la primera mitad. Aunque Brasil controló la posesión de la pelota, careció de profundidad para romper el cerrojo defensivo de Japón. Disciplinados y punzantes en las transiciones, los asiáticos golpearon primero: a los 29 minutos, Sano encaró en velocidad tras una recuperación, se perfiló y sacó un potente derechazo desde la puerta del área que dejó sin chances a Alisson para decretar el sorpresivo 1-0.
Empuje, mística y paridad
Obligado por las circunstancias, Ancelotti mandó a la cancha a la joya Endrick desde el inicio del complemento. La verdeamarela se instaló en campo rival y convirtió al arquero Suzuki en la gran figura de la tarde. Sin embargo, la resistencia oriental cedió a los 55 minutos: tras un centro preciso de Gabriel Magalhães, el experimentado volante Casemiro entró ganando por el segundo palo y, con un testazo implacable, estampó el 1-1.
A partir de allí, el partido se transformó en un ida y vuelta electrizante. Vinícius Júnior reventó el palo tras una maniobra individual y, en el arco de enfrente, Alisson tuvo que estirarse para ahogarle el grito de gol a Ueda en una contra letal.
El desahogo en la última bola
El árbitro adicionó seis minutos y la prórroga parecía un destino inevitable. Pero cuando el reloj clavaba 96 minutos y 8 segundos, un error en la salida de la defensa japonesa sentenció su suerte. Bruno Guimarães recuperó alto y filtró un pase milimétrico para Gabriel Martinelli, quien controló orientado y definió cruzado ante el achique de Suzuki para sellar el 2-1 definitivo.
Mientras el banco de suplentes brasileño explotaba en un festejo eufórico, las lágrimas de los jugadores japoneses reflejaron la crueldad del fútbol tras haber completado un partido memorable. Con este triunfo milagroso, el pentacampeón avanza a octavos de final, instancia donde espera por el ganador de la llave entre Costa de Marfil y Noruega.



