Horacio Villafañe, conocido artísticamente como «El Chango Huaqueño», ha dejado un legado imborrable en la música cuyana y el folclore nacional. Nacido el 6 de noviembre de 1953 en Huaco, este prolífico cantautor fue autor de más de un centenar de composiciones y grabó catorce discos que hoy son considerados patrimonio cultural de su provincia.
Desde su niñez, Villafañe mostró una pasión innata por la guitarra y el canto. Solía colarse en reuniones de músicos de su pueblo natal para observar y aprender en silencio, forjando así un estilo personal que definiría su carrera. A los 15 años, la necesidad lo llevó a trabajar lejos de su hogar, en la cosecha de la ciudad y luego en Tamberías, Calingasta. Fue allí, impulsado por la nostalgia de su tierra, donde nacieron sus primeros versos.
Una de sus creaciones más emblemáticas, la zamba «La Semilla de la Tradición», vio la luz en Ullum. Con el tiempo, esta pieza se convirtió en el himno de la Fiesta Nacional de la Tradición y en un símbolo de identidad para el pueblo de Jáchal. Su apodo, «El Chango Huaqueño», le fue sugerido por su amigo Jorge Darío Bence, aunque Villafañe siempre se sintió más identificado con el atuendo gaucho que adoptó como su emblema en cada escenario.
Apodado también «el ídolo de los pueblos», El Chango Huaqueño se destacó no solo por su talento musical, sino también por su profundo compromiso con la memoria y la herencia cultural de su tierra, siguiendo los pasos de Buenaventura Luna, el máximo referente poético de Jáchal.
Aunque la partida de Horacio Villafañe deja un gran vacío en la cultura popular, su voz y sus canciones seguirán resonando en peñas y festivales. Su obra, cargada del amor por su tierra, permanece como una herencia eterna para las futuras generaciones.



