A pesar de la sintonía política con la Casa Rosada, los jefes provinciales consideran que las PASO son «fundamentales» para ordenar sus frentes internos. El oficialismo se enfrenta a un desafío matemático complejo: le faltan 35 votos en Diputados y 16 en el Senado para lograr la mayoría absoluta que exige la ley electoral.
El Gobierno nacional ha decidido avanzar con firmeza en un proyecto que genera ruido en las provincias: la eliminación definitiva de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Bajo el argumento del ahorro fiscal —tras el antecedente de la suspensión en las elecciones pasadas—, la gestión de Javier Milei busca simplificar el proceso electoral, pero se topa con un muro legislativo que depende, exclusivamente, del visto bueno de los gobernadores.
La resistencia de los mandatarios
Para muchos gobernadores, especialmente aquellos que han logrado podios de imagen positiva en sus distritos, las PASO funcionan como un filtro necesario para:
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Ordenar la oferta electoral: Evita la dispersión de votos en múltiples candidatos pequeños.
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Conservar peso político: Permite dirimir internas sin que el partido se fracture antes de la elección general.
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Freno al oficialismo: Los mandatarios provinciales ven en esta herramienta una forma de blindar sus estructuras frente al crecimiento de las fuerzas nacionales.
El «rompecabezas» en el Congreso
Modificar el sistema electoral no es una tarea más; requiere mayoría absoluta (la mitad más uno del total de miembros de cada cámara), y los números hoy no cierran para el oficialismo.
Cámara de Diputados:
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Necesarios: 129 votos.
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Propios: 95.
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Faltantes: 35. Martín Menem debe negociar con bloques como Innovación Federal (Sáenz, Passalacqua), cordobeses, tucumanos y el radicalismo para llegar al número.
Cámara de Senadores:
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Necesarios: 37 votos.
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Faltantes: Alrededor de 16. La negociación aquí incluye nombres de peso como «Camau» Espínola, Beatriz Ávila y Alejandra Vigo, además de los bloques provinciales y el radicalismo.
El factor incertidumbre
El PRO todavía mantiene cautela y no ha definido una postura unificada, mientras que el peronismo, atravesado por sus propias internas, ve en las PASO una «herramienta vital» para no romperse.
Como bien señaló un senador aliado en los pasillos del Congreso: «No hay una mayoría automática». Cada voto será una batalla y cada provincia exigirá algo a cambio de tocar la ley que define cómo llegamos a las urnas.



