Rosario sigue manteniendo el dueño de los últimos años. Rosario Central ganó 2-1, tuvo la pelota parada de aliada, se sintió cómodo en medio del clima tenso de Newell’s e hizo la diferencia: los goles de Gaspar Duarte y Jaminton Campaz (con asistencias de Carlos Quintana) hicieron que el golazo de Éver Banega sobre el final no alcanzara y sea, al menos hasta este lunes, el puntero de la zona B del Torneo Apertura.
Era más que un clásico para Newell’s, especialmente. La rivalidad rosarina, tan independiente siempre y trascendental con el valor primordial de balance anual, estaba acompañada por otros factores. El agua y el aceite, en todo sentido. La serenidad de un Central invicto llegaba a un Parque de la Independencia invadido de impaciencia, malhumores e inseguridades. Sí, ¿cómo no va a arrancar con una fiesta? Pese al momento, como existió el banderazo del jueves, la hinchada leprosa armó un recibimiento espectacular.
Quintana y Campaz festejan el 2-0 parcial de Rosario Central ante Newell’s
Quintana y Campaz festejan el 2-0 parcial de Rosario Central ante Newell’s
Para intentar levantar todo lo que arrastra. Los abucheos que dejaron los encuentros pasados, con los silbidos al propio Banega en la primera jornada por errar un penal y, más adelante, a todo el equipo por acumular cuatro derrotas en cinco partidos. El entrenador Mariano Soso seriamente apuntado: en Rosario trascendió en las horas previas que, fuera lo que sucediera, perdería el cargo. El año político y los malestares que genera la gestión del presidente Ignacio Astore contribuye aún más, con años en los que no se rescata nada: a estas alturas y en un club (ciudad, en realidad) permanentemente exigente, no alcanza siquiera con infiltrarse en los lujos del mercado de pases por incorporar a una figura internacional como Keylor Navas.
Tan suelto anda el “Canalla” que Ariel Holan se había dado el lujo de cuidar ante Deportivo Riestra, entre semana, a ocho de los once que jugaron desde que Fernando Echenique indicó el inicio del clásico. El momento en el que se dio el puntapié a la realidad de ambos. Por empezar, había comenzado el clásico de Rosario, más allá del sentido literal: el ritmo insoportable de los cortes por infracciones, las consecuentes molestias y los irresponsables de siempre que van a un estadio dispuestos sólo a molestar. Nada atractivo, casi sin fluir.


