En el 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos, su país natal, el Sumo Pontífice emuló el histórico viaje de Francisco de hace 13 años. Denunció «las decisiones omitidas» y la «globalización de la indiferencia» que convirtió al Mediterráneo en un cementerio.
Lampedusa, Italia. — El papa León XIV protagonizó este sábado un viaje de hondo impacto geopolítico y humanitario al visitar la pequeña isla de Lampedusa, el epicentro del drama de los migrantes que intentan cruzar desde África hacia Europa. La fecha elegida no fue casual: este 4 de julio se conmemora el 250° aniversario de la Independencia de los Estados Unidos. Al optar por viajar a la isla en lugar de asistir a las celebraciones en su madre patria, el Pontífice envió un potente mensaje crítico hacia las políticas migratorias de la administración de Donald Trump.
Durante una emotiva jornada marcada por el intenso viento, el Papa de origen estadounidense (Robert Prevost) caminó entre las rocas de la costa siciliana y repitió el gesto que su predecesor, Jorge Bergoglio, realizara en 2013. Su primer destino fue el cementerio local, donde rindió tributo y dejó una corona de flores para las más de 26.000 personas que, según datos de Unicef, murieron en los últimos 15 años intentando cruzar el mar.
Un duro diagnóstico global
Ante una multitud de 6.000 personas reunidas en un campo de deportes, León XIV celebró una misa en la que apuntó directamente contra los líderes internacionales y las fallas estructurales de la política global.
«Los muertos en este mar son víctimas ya sea de decisiones tomadas o de decisiones omitidas. El desinterés por el bien común, la corrupción en los países de origen y un sistema económico mundial que genera pobreza y exclusión reproducen el ‘pasar de largo’ del relato evangélico», advirtió con firmeza.
El Pontífice también apuntó sus dardos hacia el continente europeo, recordándole su historia y su peso institucional: «Desde este borde del Mediterráneo se ve mejor el llamado que el fenómeno migratorio dirige a la sociedad europea. Europa tiene la capacidad de afrontar la crisis de modo orgánico, insertando los primeros auxilios en un plan estratégico de larga duración para acoger, proteger, promover e integrar».
Gestos humanos e inauguración
Más allá de los discursos políticos, la visita de tres horas y media dejó postales conmovedoras. El Papa cruzó la emblemática «Puerta de Europa» —un monumento hecho con objetos cotidianos de náufragos— tomado de la mano de dos niños migrantes.
Uno de los momentos más emotivos ocurrió cuando un niño llamado Leo, cuya madre murió ahogada hace una década en el Mediterráneo, le entregó una carta y una pelota de fútbol. «Me dicen que dejé de llorar cuando me dieron una pelota hecha de cartón. Espero que esta pelota te haga feliz», le leyó el menor al Obispo de Roma.
Antes de emprender el regreso, León XIV inauguró una placa en homenaje al papa Francisco en el muelle Favaloro y agradeció formalmente a los habitantes y voluntarios de Lampedusa por sostener lo que denominó «el milagro de la compasión». Cerró su homilía con un efusivo «¡O’scià!», el saludo tradicional de la isla.



